Esperando con fe a que el mar se abra

“Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” Éxodo 14:13-14

Uno de mis pasajes bíblicos favoritos se encuentra en el libro de Éxodo a partir del capítulo 13 donde el pueblo de Israel acaba de salir de Egipto con mano poderosa de parte de Jehová el Dios Altísimo, los ha liberado del yugo que por 300 años fueron sometidos los israelitas, después de que Moíses fue enviado por Dios para que le demostrara a Faraón que no había otro Dios que se pudiere comparar con Él. La última plaga que Dios envió a Egipto fue la muerte de los primogénitos, esto es, que todo varón nacido primero en cada casa de los egipcios fue muerto, así como el primogénito de los animales y ganado. De esta manera es como fue ablandado el corazón de Faraón para que dejara ir al pueblo de Israel.

Mar Rojo Moises

Ya caminando por el desierto Jehová le dice a Moisés que se desvíe y que tome otro camino, que dirija al pueblo por el camino del desierto del Mar Rojo, esto implicaba tomar la ruta mas larga para llegar al monte Sinaí y que en un punto en el camino quedaran frente al Mar Rojo, esto lo supo Faraón quien pensó que Israel había cometido un error, porque prácticamente si recibían algún ataque de sus enemigos estarían atrapados. Esta situación motivó a Faraón a tomar 600 de sus mejores carros de guerra y marcho contra Israel de nueva cuenta. Dios endureció el corazón de Faraón, porque tenía un propósito, y éste era que el nombre de Dios fuera glorificado y su poderío fuera conocido entre las naciones. La presencia de Dios siempre estuvo con el pueblo de Israel todo el tiempo que estuvo en el desierto, de día en una columna de nube y noche en una columna de fuego, nunca estuvieron solos.

Faraón y sus 600 carros de guerra escogidos encuentran al pueblo de Israel acampando junto al mar, cuando Israel se da cuenta entra en pánico y en su desesperación de ser destruidos por Faraón se quejan con Moisés diciéndole que porque los saco de Egipto para morir en el desierto. Moisés trata de animar al pueblo diciéndoles que no teman y que se mantengan firmes, que confíen en Jehová pues de él vendrá su salvación y les dice que algo maravilloso verían sus ojos porque Dios pelearía por ellos.

Dios le dice a Moisés que alce la vara que tiene en su mano y que divida el mar con ella para que el pueblo marche y lo atraviese. ¡Y el milagro ocurre! El mar se abre en dos y pueblo de Israel lo cruza durante toda la noche, mientras que Faraón no puede llegar a ellos porque es estorbado por Dios; Jehová no permite que Faraón se acerque a su pueblo. Cuando todo el pueblo cruza el Mar Rojo sin mojarse, Faraón comienza a cruzar por el camino abierto en el mar, pero Dios hace cerrar las aguas del mar sobre Faraón y sus carros de guerra, ahogándose todo el ejército que trataba de alcanzar a el pueblo de Israel.

Al leer esta historia me lleno de emoción porque entiendo que el Dios que salvo a Israel de Faraón, es el mismo Dios que me ha hecho su hijo por medio de Jesucristo. Al entregarle mi vida a Cristo Jesús ahora puedo ser llamado hijo de Dios (Juan 1:12), y puedo decir que no importa el problema que tenga que enfrentar tengo la seguridad que Dios peleará por mi en ese problema, y aunque vea que Faraón venga tras de mi y solo vea un mar delante, Dios abrirá las aguas y hará un camino delante de mi para que lo cruce en seco y pueda escapar de Faraón, solo tengo que saber esperar cuando Dios abra el mar y aquí hay algo interesante, Dios le dijo a Moisés – “¿Porque clamas a mí?…alza tu vara y extiende tu mano sobre el mar” (Éxodo 14:15-16), esto es la acción, el hacer las cosas en el momento que nos corresponde hacerlas. Cuando estamos en medio del desierto y Faraón venga detrás con sus carros de guerra, sí, debemos de orar, sí, debemos de clamar a Dios, sí, debemos confiar que Dios pelea por nosotros, pero cuando nos corresponde hacer las cosas, debemos hacerlas confiando que es Dios el que esta con nosotros, él ha puesto en nuestras manos autoridad, así como la vara que tenía Moisés, eso representaba la autoridad que Dios le dio a Moisés.

“He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda la fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:20). Jesucristo nos ha delgado autoridad por haber creído en él, esta autoridad no es para hacer lo que nosotros queremos, sino para hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas, para llevar el evangelio a quien no lo conoce, para mostrar las bondades y misericordias del único Dios vivo, para que no seamos dañados por el enemigo de nuestras almas Satanás.

Si en este momento estas pasando una situación difícil en tu vida, sientes que estas cruzando por el desierto y son tan duros los problemas que parece que Faraón va tras de ti, recuerda que así como con Israel  no estas solo Dios esta contigo en este momento, aprende a esperar en Dios porque a su tiempo el te dirá “extiende la mano y con la autoridad que te he dado abre las aguas en dos para que pases en seco, yo me encargaré de Faraón.”

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