El pecado: un problema grave de la humanidad.

Por: Ralph E. Knudsen.

En el período anterior a la 2a. Guerra Mundial, hubo cierto tipo de liberalismo muy optimista respecto al hombre y su progreso. El pecado no fué considerado como un defecto serio, sino como un compuesto de error e ignorancia que podía ser neutralizado por un proceso de educación. Se consideraba esencialmente bueno al hombre y se creía que todo o que necesitaba era una oportunidad de vivir de acuerdo con su instrucción y mejorar el medio ambiente en que vivía. En algunas ocasiones, hasta se arriesgó la idea irracional de una nueva utopía atraída al mundo por la confianza de un desarrollo progresivo de la bondad del hombre.

Esclavos_del_pecado

Al estallar la 2a. Guerra Mundial ocasionó un golpe tremendo para la fe optimista de hombres excesivamente optimistas. El hombre moderno tiene la tendencia a vivir con una “conciencia fácil”. Nuestra época está saturada del concepto de la inevitabilidad de progreso. Es verdad que el hombre no tiene paz ni está quieto, pero se puede mover en una dirección falsa lo mismo que en una dirección justa. Es difícil para algunos creer que el hombre tenga tendencias malas en su corazón, y que obrando a su capricho no podrá remover ni vencer esas tendencias por sí mismo.

Es difícil definir el pecado. En Santiago 4:17, aparecen estas palabras: “Al que sabe, pues, hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado”. Algunos dirían que el pecado es al menos un trágico fracaso moral del hombre, es faltar a la obediencia de Dios, es no venir al encuentro de Dios, seguirle y faltar a su amor. Y la realidad es esta: el pecado nos separa de Dios.

El pecado es una fase real de la vida, se encuentra en el corazón de cada individuo, así como también en la vida física. Puesto que el pecado es real y el hombre no puede remover su naturaleza pecaminosa fué necesario que alguien acudiera en su auxilio. Al nacer Jesús, anunciado por los ángeles a los pastores, estas palabras dejaron oir: “Porque hoy, en la Ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el cual es Cristo, el Señor” (Lucas 2:11). En el relato de Mateo (1:20-21) se le dijo a José que el nombre del niño sería Jesús: “porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”. El verdadero propósito de la venida de Jesús fué el de ser el Salvador de los pecados de la humanidad.

El objeto del amor de Dios revelado en Jesús fué el hombre. El hombre creado a la imagen de Dios. Fué hecho por y para Dios. Puede tener algunas características semejantes a las de los animales, pero también tiene diferencias con ellos. El hombre puede pensar, elegir y tener voluntad. El hombre es un ser moral con capacidad para lo bueno y lo malo. El hombre es un espíritu viviente al cual se le infundió el solplo de la vida. Este ser puede amar, aprender y vivir como un hijo de Dios. Su habilidad para elegir hace posible su alejamiento o su acercamiento a Dios por una respuesta igualmente voluntaria. El destino del hombre está en su propia voluntad libre.

El hombre con todas sus capacidades y con todas sus limitaciones, se encuentra a sí mismo en un mundo herido por el pecado y el egoísmo. Esto demuestra que está incompleto mientras viva sin Dios. El hombre nunca puede estar completo ni ser verdaderamente libre hasta que encuentre paz con Dios. El hombre fue hecho para Dios.

El problema del pecado.

No hay en la Biblia duda alguna acerca de la realidad del pecado. La Biblia es un libro práctico y no pierde el tiempo en el campo fútil de la especulación. No presenta teorías del pecado. Afirma, con los grandes Hebreos del Antiguo Testamente y el Jesús del Nuevo Testamento, que el pecado es real.

En la Biblia (Génesis 3) según la historia de los primeros padres, Adán y Eva, se introduce el pecado humano. Un estudio de Génesis 3 es de gran provecho actualmente. Declara que el pecado es un resultado de la elección contraria a la voluntad y mente de Dios. El pecado del hombre actualmente proviene de la misma fuente voluntaria de desobediencia. Así, cada hombre hace frente a la vida no con una incapacidad total para el bien, como tampoco con una capacidad para el bien absoluto, y por tanto es esclavo del pecado. Esto trae sobre él la ira de Dios. el hombre no es condenado por los pecados de su padre. Tiene que dar cuenta a Dios por sus pecados. La historia del hombre, desde sus principios, demuestra que existe una herencia humana que inclina al hombre hacia el mal. Hay unidad de raza humana en la cual, y a través de la cual, ciertas cualidades y tendencias características son transmitidas de generación en generación. Esto ha traido como consecuencia a cada generación la tragedia del pecado y la necesidad de un Salvador.

La vida de Israel, como nación, ofrece la evidencia de que el pecado no fué solo individual, sino de grupo también. La larga historia de Israel puede caracterizarse como una historia en la cual el pecado trajo el desastre, y el perdón de Dios una nueva oportunidad. Las muchas experiencias en los cuarenta años en el desierto, donde el pueblo murmuró contra Dios, muestran la ingratitud del espíritu humano. Muchas veces acudió Dios en su rescate y dió la oportunidad de corregirse.

En la enseñanza de Jesús, tal y como la tenemos registrada en los Evangelios, no se ve ningún intento de aligerar la gravedad del pecado. Las narraciones del nacimiento indican que el Salvador vino a rescatar al hombre del pecado. En su propia vida, él dijo: “He venido a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). El ministerio entero de Jesús tuvo como propósito ayudar al hombre, puesto que este era impotente para ayudarse a sí mismo. La bella parábola del hijo prodigo (Lucas 15) nos habla maravillosamente del interés de Dios, por medio de Jesucristo, por los pródigos. No solamente ama Dios a los hombres, sino que espera pacientemente a que se vuelvan a Él, en busca de amistad y perdón. El valor que Jesús puso en cada alma es una evidencia de su interés en salvarla del pecado que la estaba destruyendo.

Fuente: Libro “Creencias Cristianas” escrito por Ralph E. Knudsen páginas 89-94.

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