El compromiso de vivir para Cristo

Hay demasiadas cosas que ocupan nuestro tiempo y  nuestra atención, pero ¿no vale la pena ocuparnos en lo más importante? y no ¿no es lo más importante, la vida misma?, el trabajo, el dinero, los estudios, la salud física, nuestro aspecto, la ropa, la comida y muchas otras cosas son importantes, pero carecerían de valor si no tuviéramos la vida, y para eso no hay mejor cosa que ir con el Autor de la misma y caminar con él.

Como cristianos tenemos un compromiso con Jesús.

Como cristianos tenemos un compromiso con Jesús.

En los juegos olímpicos de 1968 en México, un corredor se hizo famoso por llegar en último lugar. Mucho después de que la carrera de maratón se creía terminada, él entró al estadio olímpico. Se resistía a rendirse y salir de la competencia, aún cuando esta lesionado. El público lo recibió con una ovación al verlo caminar con dificultad rumbo a la meta. ¡Finalmente terminó la carrera!

Cuando le preguntaron el por qué lo había hecho así, dijo: “Mi país me mandó a terminar, no sólo a iniciar la carrera”. El compromiso co su país lo mantuvo caminando.

¿Con quién estás comprometido? ¿A qué persona, verdad, cosa, principio, sueño, meta le has entregado la vida?

Cuando leemos el Evangelio de Marcos 1:1-13, nos encontramos a un Juan el Bautista quien tenía un compromiso extraordinario. Su papel fue el de ser un heraldo que anunció la llegada del Rey Jesús. Los heraldos eran mensajeros que iban por delante del Rey (en ocasiones días antes) preparando a la gente para recibirle. Juan se consagró a esta misión. Su forma excéntrica de vestir nos habla de consagración; para él las modas no eran importantes. Su extraña dieta nos remite una dedicación especial en su comunión con Dios y su humildad nos enseña lo que quiere decir sometimiento total. Si tratáramos de definir su vida, podríamos hacer un acróstico con su nombre con las siguientes ideas:

Jesús era su misión.
Unió su vida con la voluntad de Dios.
Aceptó una misión trascendental.
Nunca pretendió usurpar un lugar que no le correspondía.

Sus hechos prepararon a nuestro Señor el camino y fueron el instrumento para dar inicio contundente al ministerio público del Salvador. ¿Qué significa tener un compromiso?:

Significa hacer un pacto. Para el Señor, bautizarse fue la ratificación de un compromiso y refrendó su decisión de realizar la obra de salvación. Fue una señal de su encarnación e hizo lo que todo ser humando debe hacer para hacercarse a Dios. Podemos imaginarlo en la fila de gente junto al Jordán esperando su truno para bautizarse. Su presencia entre la gente sencilla era un testimonio de su compromiso con la humanidad.

Significa identificarse. Debió de ser un choque tremendo en la mente de Juan cuando se da cuenta que esperando su turno para ser bautizado estaba el Mesías, el prometido Salvador. El Señor ya estaba encarnado en este momento, pero su bautismo era una manera de integrarse a las experiencias humanas; estaba identificándose con un movimiento que busca a Dios y por si fuera poco, como un siervo.

Podemos decir que Jesús se comprometió con nosotros, se puso nuestros zapatos, se vistió de nuestra humildad, se integró a nuestras experiencias. No sólo murió en la cruz por nosotros, también experimentó la vida material por nosotros. Su compromiso de vida fue total. En este mundo muchas personas dicen creer en Dios y tener alguna religión, pero no se comprometen con lo que dicen creer. Sólo viven las tradiciones sociales y las costumbres familiares pero no ponen su vida en el asunto. El Señor Jesús nos enseña el nivel de compromiso que desea establecer con nosotros.

Significa tener un eje. No vale la pena vivir sin algo que nos comprometa. ¿Qué sentido tendría existir sin un eje en torno al cual girar? Todos nos movemos alrededor de algo. Algunos egocéntricos giran en torno a sí mismos y sus deseos; en realidad son esclavos del yo y seguramente tienen vidas insoportables. Otros son moda céntricos, esclavizados a las opiniones de revistas y gente con otra realidad cuyas vidas giran alrededor de su dinero. Otros son TV céntricos, amarrados a un sillón desde donde pasan el tiempo viendo programa tras programa.

Cada quien establece el centro de su vida y se esclaviza a el. Muchos siguen el sexo ilícito, otros el alcohol, otros las drogas, icluso hay quienes son adictos y esclavos de la depresión, de la envidia, del trabajo, del chisme, de la comida y de muchas cosas más.  ¿A quién tienes en el centro de tu vida? ¿En torno a quién gira tu existencia? ¿Con quién estás comprometido? ¿ A qué dedicas tu vida? ¿Sigues alguna verdad por la que estarías dispuesto a morir?

Jesús es la mejor opción. Ser su esclavo es ser verdaderamente libre. Seguirle es camino de vida, amarle es encontrar la verdad.

Un hombre era ofrecido en una subasta de esclavos. Atado de pies y manos, luchaba por libertarse. Un comprador de esclavos preguntó: “¿Cuánto cuesta ese hombre?”

El vendedor le dijo: “No le conviene, señor, es fuerte, es valiente, pero no quiere seguir siendo esclavo, prefiere morir a someterse. Si a pesar de eso lo quiere, que sea para matarlo. Su valor es bastante poco”.

El comprador entregó las monedas y pidió que le dieran al violento esclavo, luego ordenó que lo desataran y dijo: “Amas tanto la libertad que mereces tenerla. ¡Vete, eres libre!”.

El hombre quiso echarse a correr pero no supo a dónde ir. Después de pensarlo un rato, alcanzó a quien le había dado la libertad y le expresó: ” Si eres capaz de respetar la libertad de un hombre, vale la pena servirte. No tengo a donde ir; déjame servirte con la libertad que me has dado.”

Jesús no libertó y nos da la oportunidad de seguirle. Él se comprometió con nosotros, se encarnó y se sumergió en nuestra experiencia de vida. Hagámoslo el centro de nuestra vida. Comprometámonos con él con todo el corazón.

Haz una oración y comprométete con el Señor. Entrégale tu vida como la primera vez y síguelo con todo el corazón.

Autor: Gilberto Gutiérrez Lucero
Fuente: Libro Atrévete a seguirlo (pags. 17-22)

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