Cómo responder cuando Dios dice “no”

Por: Charles R. Swindoll.

Cuando nos encontramos solos y somos capaces de ser completamente honestos delante de Dios, en nuestro corazón tenemos ciertos sueños y esperanzas que deseamos alcanzar. Sin embargo, aunque suene crudo, es muy posible que no alcancemos a cumplir muchos de ellos antes de que lleguemos al final de nuestros días. Y si así fuera, sería un fuerte golpe anímico difícil de enfrentar y aceptarlo. El rey David oyó del Señor un “no” y en silencio lo aceptó sin guardar resentimiento. Esta acción es muy difícil de hacer. En las últimas palabras de David podemos encontrar el retrato de un hombre que anduvo en su vida conforme al corazón de Dios.

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Después de cuatro décadas de servicio a la nación de Israel, el rey David, viejo y quizás encorvado por los años, miró por última vez los rostros de sus seguidores de confianza. Muchos de ellos representaban distintos recuerdos en la mente del anciano. Los que querían continuar con su legado lo rodearon, a la espera de recibir sus últimas palabras de la sabiduría y la instrucción. ¿Qué diría a los setenta años de edad el rey?

Comenzó con la pasión de su corazón, recorriendo la cortina para revelar sus más profundos y ardientes sueños y planes para la construcción de un templo para su Señor (1 Crónicas 28:2). Éste fue un sueño que no se cumplió en su vida, “Dios me dijo: Tú no edificarás casa a mi nombre, porque eres hombre de guerra, y has derramado mucha sangre” (28:3).

Los sueños de las personas son difíciles de matar. Pero, en sus palabras de despedida, David optó por centrarse en lo que Dios había permitido que él hiciera como rey sobre Israel, para establecer a su hijo Salomón en el reino, y pasar así su sueño a él (28:4-8). Luego, en una hermosa oración, una expresión extemporánea de adoración al Señor Dios, David alabó la grandeza de Dios, dándole gracias por sus muchas bendiciones, y luego intercedió por el pueblo de Israel y por su nuevo rey, Salomón. Llegados a este punto le pido que se tome su tiempo para leer la oración de David lentamente y cuidadosamente. Se encuentra en 1 Crónicas 29:10-19.

El anciano rey David, en vez de revolcarse en la auto-compasión o la amargura respecto a su sueño incumplido, David alabó a Dios con un corazón agradecido. La alabanza abandona a la humanidad del cuadro y la enfoca totalmente en la exaltación del Dios vivo. La lupa de la alabanza siempre mira por encima de todo.

“…Bendito seas tú , oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos” (29:10-12).

David pensó en la magnífica gracia de Dios sobre su pueblo, su alabanza se volvió en acción de gracias. “Ahora pues, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre” (29:13). David reconoció que no había nada de especial en su pueblo. Su historia fue ser errante y andar en tiendas, sin duda sus vidas eran sombra de variación. Sin embargo, debido a la gran bondad de Dios les fue suministrado todo lo necesario para construir un tempo a Dios (29:14-16).

David estaba rodeado de riquezas ilimitadas, pero todas estas riquezas no capturaron su corazón. Como humano luchó otras batallas dentro, pero nunca la codicia. David no fue tomado como rehén por el materialismo. Dijo, en efecto, “Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo.” Para David, Dios era el dueño de todo. Tal vez fue esta actitud la que permitió que el monarca pudiera hacer frente al “no” de Dios en su vida, mostró confianza en que Dios tenía el control de su vida y que los planes de Dios eran mejores. David se mantuvo sereno y confió en Dios.

A continuación, David oró por otros. Él intercedió por el pueblo que había gobernado durante cuarenta años, pidiendo al Señor que recordara las ofrendas para el templo y que encaminara sus corazones hacia Él (29:17-18). David también oró por Salomón: “…da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos” (29:19).

Esta hermosa oración contenía las últimas palabras registradas de David; poco después, murió “lleno de días, riquezas y gloria” (29:28). ¡Qué manera de terminar su vida! Su muerte es un recordatorio oportuno que cuando un hombre de Dios muere, nada de Dios muere.

Aunque algunos sueños siguen sin cumplirse, un hombre o una mujer de Dios puede responder a su “no” con la alabanza, acción de gracias y la intercesión…porque cuando un sueño muere, nada de los propósitos de Dios muere.

Fuente: BibleStudyTools.com
Traducción: Cristo La Roca Radio Internet

 

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